Del Prime Time al My Time

Todavía recuerdo cómo me reía de quienes crecieron viendo uno o dos canales de televisión, cuando “en mi época” ya emitían las privadas. Las cosas han cambiado tanto en muy pocos años, que ahora son otros los que se ríen de mí.

Hace años, en la facultad de comunicación, nos hablaban del futuro (inmediato) de la televisión: el fascinante “apagón analógico” y la puesta en marcha de la Televisión Digital Terrestre (TDT). Nos prometían calidad de imagen (¡incluso HD!), multiplicación de los canales de emisión, y aprovechamiento del espectro disponible para “servicios adicionales” (entre ellos, la interactividad). Decían ¡muerte al teletexto: han nacido las guías EPG! Y decían tantas y tantas otras cosas…

¿Y en qué ha quedado? La TDT es, a mi modo de ver, la gran decepción. En primer lugar, nos supuso un desembolso económico (no nos quedaba otra: o un sintonizador o, ya que estamos, una tele nueva). En segundo lugar, ¿qué pasa con la cobertura? Sí, es del 98%, pero ¿con qué calidad? Me declaro víctima de este problema: mi antena no sintoniza los canales de Antena 3, y los de Telecinco no se pueden ver si llueve (a veces fallan también si pega el sol muy intenso en la antena). En tercer lugar, los canales se multiplicaron, sí, pero ¿y los contenidos? ¿Realmente era necesario volver a ver las series que ya fracasaron en su día, o las que ya hemos visto todos? Y ¿dónde está la interactividad que nos prometían?

El caso es que ahora se está hablando de una nueva televisión, la TVi o Televisión interactiva, que pasa por conectar el ordenador a la televisión (IPTV), o bien ver los contenidos de la televisión en Internet (ordenador o teléfono móvil) a demanda. El Prime Time (horario de máxima audiencia) desaparecerá, ya que la nueva televisión será personalizada, cada uno elegiremos el denominado My Time.

Para las cadenas de televisión españolas, adaptarse a la TDT ha sido fácil: ha supuesto un importante desembolso económico (adaptación de los equipos, compra compulsiva de contenidos para rellenar las parrillas, pérdida de share por la multiplicación de canales…), pero la estrategia y las directrices que les han estado guiando durante años siguen siendo las mismas. Ahora que nos vuelven a prometer que todo va a cambiar, ¿están realmente preparadas? ¿Asumirán las consecuencias de la segmentación de audiencias? ¿Qué contenidos ofrecerán, a qué públicos y a través de qué soportes?

Son tantos los interrogantes que me planteo ante este nuevo panorama, que no puedo por menos que mostrarme escéptica. Ningún cambio es fácil, y a nadie le gusta que le digan que tiene que hacer “borrón y cuenta nueva”. Nos prometen que la TVi une lo mejor de los dos mundos a través de Internet: el atractivo de los contenidos audiovisuales de la televisión junto con las capacidades interactivas de la Red. Este tipo de promesas ya lo he vivido, así que me sentaré en mi sofá, frente a mi portátil, y cruzaré los dedos esperando que, dentro de unos años, meses, semanas o días, alguien se ría de mí por haber “vivido” la TDT.

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